Poemas de Gilda García


Gilda García Romero. Puebla, México. Primer premio del concurso de poesía circundante de Ediciones Periféricas (2021). Primer lugar del concurso de cuentos de ciencia ficción de la Feria Internacional del Libro Astronómica de la Universidad Autónoma Metropolitana (2021). Primer lugar del concurso literario “Iluminadas” de ciencia ficción organizado por los colectivos de escritoras Especulativas y Las sin sostén (2020). Mención honorífica enel concurso de poesía organizado por Poetas Hispanos (2016). Cofundadora del colaborativo de escritores Nautas de Letras. Integrante del colectivo de poetas “El grupo de los 30”. Conductora del programa “Poesía a domicilio” en Anaquel Literario.





MONSTRUO DEL ASFALTO


Salgo de mi casa sigilosa como una felina,

me escabullo pegada a las paredes por el miedo

no quiero caer en las entrañas de una calle custodiada.

Si piso por donde no debo

caeré en el inminente agujero de manos largas.


Aún no llego a destino

me faltan varias cuadras por sortear

un monstruo de tentáculos cartilaginosos

me sigue de cerca y lame mis talones.

Corro.

Me alcanza.

Me succiona.

Desaparezco.





HUÉRFANA


Si no tuviera madre, nadie me buscaría.

Manos ausentes rebuscan en tierra húmeda.

Nadie repartiría volantes si estuviera perdida.


Las cabelleras de mujeres me envolverían

para yacer en fluidas cascadas lagrimales.

Nadaría entre sirenas de otros tiempos

mordiendo las ropas de mi propia mortaja.


Las voces preguntan cuándo terminará la caza,

no hay respuesta, porque siempre es tiempo de caza.

La piel de las caídas mudó a tierra seca

ellas están ahí, cubriendo las cenizas de las otras.


No tengo quien me busque.

Siempre andaré por la orilla de la carretera

por si alguien me recoge.

Las plantas de los pies están curtidas.


Si todo cesa, me tengo a mí misma.

No se puede pedir cita previa a la buenaventura.

La buena suerte llega empacada en papel celofán.

Mis ojos están más miopes que antes.


Y, ¿si no tengo una madre que me busque?

Las médiums de otros tiempos ya me encontraron.

Las leonas rugen fuerte.

Pero la ciudad no alberga animales feroces.


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