Dos poemas de Linda Acosta


Linda Acosta, Villahermosa, Tabasco. Vivió en Madrid. Publicó un libro académico sobre ‘Desarrollo, bien común e interculturalidad’ por la editorial universitaria de la UNAH. Convivió con el pueblo Kayambi del Ecuador. Reside entre México e Inglaterra. Nómada, cosmopolita. Maestra en Relaciones Internacionales por la URJC (Madrid), Socióloga por la UAM-Xochimilco. Estudió el posgrado internacional de Escrituras Creativas por FLACSO-Argentina, ha participado en diversos talleres literarios y publicado en medios digitales y papel. Mujer feminista y sorora, creadora de Tarot CreActiva. Es Anarquista por alegría.


IG @linda.utopia / FB Linda Acosta Rodríguez / Web www.tarotcreactiva.com

YouTube: Utopía Licantropía







MAR DE LUNAS


Aún no existe el poema absoluto,

que define nuestra condición.

Cada mujer es su propia invención-reivindicación,

su propio anhelo, su propia poesía.


Caminando entre la alegría

nos encontramos en amistad,

nuestras hermanas y amigas, red de sororidad,

ellas también consuelan nuestras tristezas

caen lagrimas

en gotitas,

hasta formar

un solo río que refleja con su flujo

nuestra ciclicidad,

llenando con fertilidad nuestra redonda existencia.


Con nuestras aguas sabemos lavar envidias,

reconociendo nuestra sabiduría

aquella que fue condenada,

por ser misterio y embrujo,

tuvimos que sobrevivir a la inquisición,

y reorganizar aquelarres

siglos, tras siglos

en tantas mareas:

derechos civiles, solución;

derechos políticos, organización;

derechos sociales, construcción;

y todavía seguimos

abriendo portales.


Los cuatro elementos no son sinónimo de planeta.

Vientre, útero, esposa y madre no son sinónimo de mujer.

Menstruar no me hace más valiente,

ni bailar mejor persona, puedo andar o volar.

Y ser mujer es mi mayor creación.


Sé que soy a cada instante

la que quiere versos,

equidad, cultura, educación, salud,

justicia y armonía,

paz y libertad

para elegir y caminar.


Música, quiero música para bailar

y momentos de soledad para poder respirar.

Quiero un café, una tisana

o un vino con mis amigas,

a veces una,

a veces somos tres,

a veces muchas en una gran manifestación:

¡Ni una menos! ¡Basta ya de violencia machista!

¡Aquí decido yo, de mi vida soy artista!


Ofrenda, caricias y miradas,

de la persona amada;

a las personas amadas acaricio

con responsabilidad,

sin perjuicio.


Somos un mar infinito,

herederas de batallas, de cuestas arriba,

sobrevivientes de trompicones y

de dolencias curables que no lo fueron,

porque se negaron los cuidados o atención.

Soy la cuidadora de la rebeldía,

la embajadora de la agitación,

soy la insumisa, la del pelo largo, y la del cabello corto,

soy la calva, y soy la sonrisa con miel.

Soy todas las estrellas, somos constelación;

y soy una aprendiz de paciente escucha,

soy linda y ola rompiente, porque también

equivoco mis palabras,

ondas en tempestad.

Llega la calma,

caricias en el piélago;

formando el archipiélago

entre ciclos como el mar sin luz,

y como el mar con luna llena,

entera soy.








ATARDECER


Con cuarenta y cinco me siento morra;

podría ser tu madre,

más prefiero que me veas como una hermana.

de la existencia no sé más que tú,

cada una el sendero que recorra.


Me llega la menopausia,

mi piel y mi cabello lucen los años,

alegrías, dolores, mi propia acracia;

tengo manchas en la piel,

cicatrices visibles,

sofocos, insomnio, momentos sensibles.


Podría ser tu madre,

más prefiero que me veas como una hermana.

Mi fuego no se apaga, se altera con otra etapa,

voy a otro ritmo, mis canas se asoman

mis caderas se ensanchan,

sigo fértil, sembrar, cosechar, creando

como la luna me muevo cambiando;

me observo, mis ciclos son distintos,

sigo aprendiendo de otros laberintos,

los meses se hacen años.


De más joven coleccioné experiencias,

ahora sé que mi saber

se fue construyendo con cada hacer,

abrazos, batallas, caídas, triunfos, ausencias;

las voces de mi niña, de mi adolescente

de la adulta, mi ser, perfume y esencias.


Soy la de espíritu sobreviviente,

la tía o la madre que ama la infancia,

la bruja que embruja con su palabra,

la amante inocente que sigue candente,

la caminante de pasos resistentes,

la soñadora de afectos conscientes,

no me encasillo con mi climaterio,

bendigo está etapa de mi viaje,

la vida sorprende con su misterio,

soy la morra que disfruta el aprendizaje.


En mi cuerpo cae la tarde,

inicio, al agradecer, desde otro lugar

poniendo atención a mi nuevo estar.



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